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The Shattered Crown · Crónica de Edrenmor

Brumdar Ironvow

El guerrero enano

Brumdar Ironvow en batalla, con el hacha en alto: ilustración a tinta de Diego Paredes
Ilustración · Diego Paredes

Capítulo I

El Voto de Hierro

Brumdar nació en el Clan Ironvow, uno de los clanes encargados de custodiar los acantilados costeros de las montañas orientales de Edrenmor, frente al Mar Gris. Los clanes nunca se arrodillaron ante el Troth: juraron algo más antiguo. El Voto de Hierro, prestado en los albores mismos de la Era de los Caedrahl al primer rey de esa línea, obliga a los clanes a dar paso seguro a todo aquel que cruce las montañas enanas en paz o bajo sello de comercio.

Tenía ciento diez años cuando llegó la Fractura, y seguía al mando de una de las Compañías de la Cordillera asignadas a Saltgate, la más baja de las fortalezas-puerta de los acantilados. Otros de su generación habían ascendido o habían vuelto a casa con sus familias. Brumdar no había hecho ni una cosa ni la otra: la vida de soldado le sentaba bien.

Capítulo II

La Fractura

El conflicto no se quedó mucho tiempo en las tierras bajas de Edrenmor. La noticia de la caída de la Casa Veranthas apenas había terminado de correr cuando la Casa Haldreth se volvió contra sí misma: algunos de sus señores se aferraron al Troth y otros tendieron la mano hacia lo que se les había ofrecido en las sombras. Los leales a Haldreth que sobrevivieron huyeron al este, hacia las montañas enanas, y más precisamente hacia Saltgate. Eran soldados, un puñado de gente común que se había sumado a cualquiera que todavía estuviera dispuesto a pelear, y un heredero: Edrinn Haldreth, joven y lo bastante idealista como para creer que la casa todavía podía salvarse si tan solo lograba poner a su gente a salvo. Llevaba consigo el fragmento de la Corona que le correspondía a la Casa Haldreth.

Capítulo III

Un día y una noche

No llegaron a la puerta. A tres leguas de ella, en los acantilados costeros, los perseguidores les dieron alcance, y la retirada se convirtió en una acción de retaguardia. Primero los soldados de Haldreth dieron media vuelta para ganar tiempo y que el heredero y la gente común alcanzaran Saltgate. Después lo hicieron el propio Edrinn y su guardia personal. La línea ya se quebraba cuando Brumdar bajó con su compañía a reforzarlos.

Enanos y últimos leales de Haldreth sostuvieron juntos la línea durante un día y una noche enteros, lo suficiente para que la gente común de la columna cruzara el paso, llegara a la puerta y quedara a salvo. De la fuerza que había venido a matarlos, ninguno vio el amanecer siguiente. Edrinn y sus hombres yacían muertos junto a ellos. De los veinte de Brumdar, solo él sobrevivió.

De los veinte de Brumdar, solo él sobrevivió.

Capítulo IV

La tumba

La gente común había llevado la noticia a Saltgate, y todas las manos disponibles formaron una fuerza de socorro. Llegó al paso con la primera luz, demasiado tarde para la pelea. Ayudaron a Brumdar a enterrar a los muertos, enanos y Haldreth tendidos uno junto al otro. Brumdar vio que el heredero había muerto aferrado a algo, una reliquia por la que evidentemente valía la pena morir. La tomó de la mano sin vida del joven señor y la depositó con él en la tumba.

De pie frente a la tumba, entendió que no podía volver a su clan. La compañía ya no existía. El paso resistiría sin él: otra Compañía de la Cordillera vendría a custodiarlo. Ese mismo día abandonó su puesto.

La pintura de guerra que tomó junto a la tumba es un voto, una promesa a los muertos de que encontrará a los responsables de su muerte.

Bajó a las tierras bajas de Edrenmor, el Reino Siempreluz, en busca de respuestas y de venganza.

Veinticinco años después, caza a quienes enviaron la fuerza que mató a su compañía.

La edición

Brumdar Ironvow, en tu mesa.

50 ejemplares numerados, impresos en 3D a escala 1/10 y terminados a mano en Buenos Aires.

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La ilustración original

De Diego Paredes. Se ofrece como lámina A4 firmada, limitada a 50 copias — la podés sumar a tu reserva.